Escribe Fernando Céspedes-Pais
Es verdad, la experiencia hace al maestro, sólo los triunfos
y errores nos permiten hablar de algún tema y siempre con modestia, si presumir
de grados o empresas. El ser asesor personal es como ser el confesor, es algo
muy íntimo, privado, pero a diferencia
de ir al iglesia, arrodillarse y no verle el rosto al confesor, el asesor mira
de frente, sabe escuchar y dirá sus comentarios en la forma más cruda posible,
clara para que no queden dudas. Me decía un cliente, un ingeniero de la UNI, 66
años con una facturación de 120,000 US$ mensuales, dueño de la empresa: “ no por que estemos vendiendo bien y con
rentabilidad quiere decir que estemos haciendo bien las cosas, así que no me
dore la píldora que de halagos estoy cansado, haga sus preguntas”.
Tengo 61 años de edad, 40 en ventas y puedo decir que estoy curado de espanto,
ocurre que nos gusta cuidar nuestra zona de confort, de rutina y no nos gusta
oír ni escuchar otra versión de nuestro desempeño; cuando nos llama el
Presidente del Directorio o el gerente General y no dice “ pase y cierre la puerta” al instante nos damos cuenta que las
cosas no eran como uno creía. Cuando uno menos piensa aparece en DBM, estuvimos
pensando tanto en la empresa que no pensamos en la familia y menos en nosotros.
Hoy en día en un mundo comercial tan cambiante los gerentes
ya no confían en “los amigos del trabajo” aquellos que saben dar
recomendaciones entre whisky y whisky los viernes por la noche, así que recuren
a la opinión de terceros, mientras más lejanos, distantes, extraños, mejor.
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